sábado, 2 de abril de 2011

Contexto histórico, sociocultural y filosófico de Immanuel Kant

Immnauel Kant vivió en el siglo XVIII, coincidiendo con la independencia de Estados Unidos, la Revolución francesa en 1789 con la ocupación de la Bastilla, y los inicios de la Revolución Industrial. Estos cambios estuvieron vinculados a la consolidación del capitalismo y al ascenso social y político de la burguesía, quien impuso un nuevo modelo cultural: la Ilustración. Kant la describe como aquella actitud mental por la que el hombre se decide a salir de su «minoría de edad [...] utilizando su razón sin ayuda de otro». En este siglo denominado El siglo de las luces se pretende desenterrar al hombre del oscurantismo en que viven por ignorancia o por superstición, como transmitía la enseñanza religiosa. Igualmente propugna la expresión latina: sapere aude! (atrévete a saber) donde se invita al hombre a iniciar la búsqueda y la expansión del conocimiento. En el terreno político, predomina el despotismo ilustrado, sistema en el que los monarcas aplicaban las reformas sociales propugnadas por los ilustrados, pero sin contar con la participación popular. En Prusia, el prototipo de monarca ilustrado fue Federico II el Grande – muy admirado por Kant -, protector de la libertad de pensamiento. La práctica de las ideas ilustradas se aprecia a finales de siglo en el paso del antiguo al nuevo régimen mediante la abolición de los estamentos privilegiados, de monarquía absoluta a una monarquía parlamentaria o a la república y, ante todo, que los hombres dejen de ser súbditos para convertirse en ciudadanos. La Ilustración lleva al hombre a responsabilizarse de su saber y de su obrar, ejerciendo la fuerza del pensar por sí mismo y decida sus acciones personalmente La Enciclopedia de Diderot y D`alembert (1751-1771), que defendía los principios de la tolerancia, cosmopolitismo y respeto a la dignidad del ser humano, es la mejor expresión de los ideales ilustrados: saber es clarificación, la luz que ayudará a satisfacer todas las necesidades y solucionar todos los problemas de los hombres. Con la Ilustración culmina el movimiento de secularización característico de la Edad Moderna: la razón se libera de cualquier tutela política o religiosa. Todos los ilustrados compartieron el ideal de progreso: pensaban que los avances educativos, científicos y tecnológicos harían posible una humanidad más justa e igualitaria. Así, Kant proponía fundar una Sociedad de Naciones que acabara con la rivalidad entre los Estados. En el terreno científico, la física de Newton culminaba la obra de Copérnico, Kepler y Galileo, con una concepción de la ciencia basada en la combinación de la experimentación y el cálculo matemático. En este siglo, la ciencia avanzó de forma considerable. Con el incipiente desarrollo de la ciencia y la técnica, la cultura deja a un lado las referencias trascendentales con las que se planteó en épocas anteriores. Este proceso recibe el nombre de secularización de la cultura. En el contexto filosófico, desde el racionalismo dogmático alemán, Wolff mantenía la posibilidad de la metafísica, es decir, un saber a priori, independiente de la experiencia, acerca del alma, del mundo y de Dios. Desde el empirismo, Hume, al fundar el conocimiento humano a priori, en la experiencia, consideraba la metafísica una ciencia imposible. Se considera que la razón humana es autónoma, no depende de la cultura, la religión o la política. Precisamente estas últimas tienen que fundarse en la razón ya que a diferencia del conocimiento engañoso que nos proporcionan los sentidos, el conocimiento que nos proporciona la razón puede ser cierto y seguro. Esto provoca que la intención ilustrada sea ordenar la vida moral según la propia razón, y no según gustos o costumbres. De este pensamiento se extrae que la conciencia del deber o la virtud no nacen desde fuera de la razón humana, sino desde dentro del propio sujeto. De igual forma, estas afirmaciones se extrapolan al terreno político, y se comienza a buscar un régimen político adecuado para la razón humana (como razón pública) y se desarrolla un derecho estrictamente “racional” o “natural”. A partir de este derecho se ordenan los Estados como “Estados de derecho” y se llegan a explicar como resultados de la voluntad humana que realiza un contrato (Locke. De esta manera, nace el contractualismo político con el que se expresa la voluntad general (Rousseau), y con esta fórmula del contrato se consigue equilibrar las ideas de tolerancia, respeto y libertad. En el ámbito religioso destacan tres corrientes: el deísmo de Voltaire, que mantenía una religión natural, válida para todos los seres humanos y sin dogmas; el pietismo, secta protestante fundida por Spener, que basaba la religión en la reflexión personal y en la práctica de la virtud; y el ocultismo místico de teósofos como el sueco Swedenborg, que significó el contrapunto a la filosofía de las luces.

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